Déficit de transporte es una pesadilla nocturna para los valencianos VALENCIA
DESPUÉS DICEN QUE UNO HABLA PAJA
COÑO TU SI HABLAS PAJA
LA VAINA ESA BUENA
BUENA PARA LOS RICO
LOS VENEZOLANOS POBRES SUFREN EN ESTA VERGA TODOS LOS IDAS MADURO CABEZA DE GUEBO
Notitarde.- Que a los valencianos les agarre la noche en las paradas de autobuses, ya es una costumbre. Las colas son interminables y la espera es eterna.
La mayoría labora en el centro de la capital carabobeña y agota casi todas sus energías, entre empujones e insultos, para entrar al Metro de Valencia.
Pero, aunque los trenes subterráneos, que atraviesan las zonas más comerciales de Carabobo, sean rápidos y permitan albergar a ciertos de personas en un solo viaje, muchos ciudadanos deben tomar un último autobús para llegar a sus hogares.
Es el caso de quienes desocupan los vagones en las últimas estaciones: Santa Rosa, Las Ferias, y Monumental.
Abuelitos son los más perjudicados
Los niños, quienes sostienen fuertemente la mano de sus padres, no se pierden de la faena.
Sus representantes cada vez más nerviosos, estiran el cuello de un lado a otro, con la vista en el horizonte y los sentidos alertas, rezando para no ser víctimas de los delincuentes nocturnos.
Los abuelitos tampoco se salvan del ajetreo. Las colas preferenciales -inexistentes- no los favorecen en estas situaciones, y si de milagro llega un autobús, son los más perjudicados -luego de los discapacitados- tras los forcejeos para subir a la unidad de transporte.
La última esperanza: el bus “pirata”
Después de esperar clavados por dos horas, los valencianos piensan en un plan B: tomar un taxi. Pero no todos pueden costear una carrera nocturna, cuando por ejemplo, la tarifa de Plaza de Toros hasta La Isabelica ronda los Bs.S 500.
Entonces, surge el plan C: Cabalgar en la parrilla de un mototaxista, que puede cobrar la mitad de un libre (entre Bs.S 200 y 250 aproximadamente). Pero los vehículos de dos ruedas no son la mejor alternativa para quienes van en grupos familiares.
Finalmente, queda el plan C, el más amigable para el bolsillo pero no menos desalentador: Subir a una carrito, “perrera” o “transbaranda”, es decir, una ruta “pirata”. Y completar la pesadilla nocturna, deben pagar más del triple de la tarifa establecida.
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